Voy a terraformar este lugar, para
vivir en él. Como el aire que hay aquí es raro y cuesta respirarlo, necesitaré
purificarlo trayendo algunas especies de plantas desde mi lejana Tierra, desde
mi lejano hogar, para que, gradualmente y con el paso del largo tiempo,
transformen este aire viciado en oxígeno de calidad, y pueda, en un primer
paso, respirarlo. Respirar esta vida aun primigenia, inicial, procariota. Si
para entonces no me mata el frío, con un poco de fortuna y técnica quizá pueda
calentarlo un poco y descongelar esos cuerpos de agua que puedan hidratar mi difuso
e impredecible porvenir, incierto, pero añorado.
Aún no sé qué especies vegetales sean
las indicadas para tal propósito. Me doy cuenta que, pese a que pensaba que si
bien no era un erudito sí tenía nociones decentes de conocimiento de campo, mi
formación científica, dada la gravedad de las circunstancias, deja mucho que
desear. No me queda otra más que confiar plenamente en lo que sé. En lo
aprendido gracias a los genios del pasado y a sus servicios de divulgación, y
un poco también, en mi corazón. En mi propia fe.
Me preocupa en primera instancia saber
si la tierra de aquí es, de inicio, fiable de ser fertilizada o no. Si rendirá
frutos o no. Si podrá germinar al menos una semilla de su suelo, o no. De no
ser así estaré en graves problemas. Será triste todo el esfuerzo si resulta
vano, pues la vida tiene un límite. Y a nadie le gusta ver que se le va la vida
en cosas que desde el inicio estaban equivocadas ¿no?, es un asunto de
felicidad. Sabemos que no es permanente pero queremos abrazarla lo más que se
pueda, intentar retenerla en nuestros brazos el mayor tiempo posible. Sin
embargo, estoy optimista, tengo el alma en esto. La poca que me queda. Y tengo
la intención de hacer que se regenere en algún momento.
La atmósfera es muy básica, pero
habitable. En esto deposito mis esperanzas. Contiene el oxígeno mínimo indispensable
para iniciar el proceso y yo las energías necesarias –creo- para darle el seguimiento
a un proyecto de semejante envergadura. El módulo habitacional será mi pequeño
refugio durante estos años, que espero no sean muchos (eso me recuerda lo
atemporal de todo esto, lo relativo que se ha vuelto para mí tal concepto, el
concepto de año y en especial del tiempo, la necesidad de construirme un nuevo
calendario que rija mis tareas, los procesos que pretendo estructurar, pues
aquí las estrellas del cielo son otras, no extrañas, sino poco o más bien nada
familiares, la luna misteriosa, la puesta incalculable, las estaciones
desconocidas. Es posible incluso que dicha situación termine influenciando
seguramente no sólo mis acciones sino también mi propio cuerpo y sus procesos
metabólicos internos. De hecho, si lo analizo de manera fría y objetiva, atender
esto es una prioridad casi del más alto nivel. Ahora creo que debí comenzar por
considerar esto. Lo repito. Ojalá me hubiera formado en la experimentación más
que en el paradigma, en la práctica más que en la teoría, en lo mundano más que
en lo moral)
El caso es que ya estoy aquí, y ha de
írseme la vida en intentarlo. Desconozco el clima que enfrentaré en los
próximos meses, las tormentas que pudieran gestarse en este hábitat precario y
los peligros propios de este planeta que aun ignoro en un porcentaje tan alto
que podría tomarse por un cien por ciento, pero que no obstante, puedo hacer
decrecer.
En fin. Tomare mi unidad EVA y saldré a
explorar cada día el relieve de este mundo en busca de pistas y datos,
recolectaré muestras, estudiaré cada cosa y cada detalle que aparezca ante mis
sentidos y mis instrumentos y, de vez en cuando por las noches, cuando la
soledad y la nostalgia me arrebaten los pensamientos y me hagan pensar en mi
antiguo hogar, me sentaré a la mesa de transmisiones y emitiré por mi antena de
ondas de radio mensajes hacia el espacio exterior con la esperanza de llegar
hasta algún otro receptor, uno operado por un alma que como yo escanee la
inmensidad del universo (ya sea por simple curiosidad o bien ¿por qué no?, por
necesidad) y se emocione a la distancia de haber dado con una señal proveniente
de algún lugar ignoto pero reconocible.