En casa tengo un jardin pequeño en la parte trasera. Apenas unos 3 metros y medio por tres. No tiene mucho de existencia. Previamente era un area de suelo muerta que fue rellenada con escombro triturado y arena. Con el paso del tiempo fuimos sustituyendo ocasionalmente ese guijarro con tierra mas o menos limpia de los alrededores de la colonia, de tal manera que pudiese hacerse algo en ella.
Y sembramos pasto allí. Estuvo muy verde un tiempo y ahora con el invierno empezó a resentirse. Como es un área para la que tengo algunos proyectos, principalmente como área de juego para mi hijo, decidí, desde hace un par de semanas empezar a cuidarla. La verdad es que nunca lo había hecho. Habíamos puesto el pasto y mi madre frecuentemente hace algunos movimientos por aquí y por allá, pero yo nunca moví un dedo. Durante años, he aprendido algunas cosas relacionadas con el uso y cuidado del suelo. He leído algunos que otros artículos de divulgación sobre el desarrollo de ecotecnologías, de control de plagas en entornos agrícolas, sobre bacterias que habitan en el suelo, hongos y sus procesos de descomposición de la materia orgánica y otros temas relacionados. Siempre me ha parecido interesante y los leo con placer. Pero, como ya lo he dicho antes, estoy en la necesidad de aprender de la práctica y ya no solamente de lo teórico. Es lo que uno de mis profesores de la universidad llamaría, "praxis" o práctica reflexiva. Por supuesto no soy un científico del suelo pero he empezado a remover la tierra y los desechos de césped secos para permitir al pasto aun verde encontrar nuevas direcciones de crecimiento. También fui unas calles al norte por mas tierra para reemplazar tierra arenosa y resané algunos desniveles ocasionados por la erosión. Apelmacé, regué, palmoteé. Jalé con el rastrillo los restos. Haciendo todas esas cosas recordé el jardín de Karina en algún momento. Lo que se alcanzaba a ver de él en las fotografías que me mandaba. Las cebollas ya han hecho crecer sus tallos verdes hacia el exterior y las plantas de jitomates abarcan ya un buen espacio, asomando pequeñas florecillas amarillas. Y es que también hemos empezado a cultivar. Me ha parecido agradable. Es verdad: aprendes de verdad haciendo. ¿Cómo no empecé todo esto desde hace años? , ¿en que momento uno se cierra al mundo habiendo tantas cosas en qué ocuparse?
Para el futuro tengo contemplado rellenar las orillas con piedra ovalada blanca (ni siquiera sé cómo se llama) del jardín y, si la economía (o el ingenio) lo permiten, instalar una fuente e iluminación. Sería un buen espacio para leer. Me gustaría leer varias cosas que tengo pendientes desde hace mucho tiempo como los libros de Asimov, o títulos nuevos a los que les he echado el ojo en mis últimas visitas a las librerías. Incluso me ha tentado fuertemente en las últimas veces la idea de adquirir material de lectura en inglés.
Yo también he de ocultarme tras la montaña, y aunque este pequeño jardín no sea un campo lleno de verde caña, siento que va bien mi catarsis, ¿no?