Me llama así cuando aparezco un
nuevo día, por el horizonte virtual, por la bocina del auricular. Cuando me
materializo en el clérigo de un mundo plagado de criaturas oscuras donde
estamos unidos por lo sagrado, por la eternidad.
Y me pregunto, si en verdad
merezco tal seudónimo. Si en verdad ilumino el espacio inmenso a nuestro
alrededor
Lo cierto es que entre la vasta
cavidad de mis alrededores, en una cierta dirección que aunque móvil puedo
encontrar fácilmente, se divisa una bella forma blanca, que es reflejo de mi
mismo. Y que me sigue y me sigue, en el paso de los años… compañera a la distancia
que no se pierde de vista por mucho tiempo. Es mi luna fiel. Más fiel que nadie,
más fiel que yo mismo incluso. A quien amo con agradecimiento y callada pero intensa devoción.
Se que dije hace mucho que el amor no es un favor, pero eso no le impide el agradecimiento. Gracias por ser quien eres, conmigo.
No hay día que no piense en ti.

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