Sin lugar a confusiones. Ecos de una Ciudad
Regresar a la tierra que me vio nacer. Y de la cual mis padres me arrancaron siendo niño, adolescente, y hombre. Mas el agua del rio al mar siempre va. Porque mi alma pertenece a ese inmenso ser, amorfo, inmaterial y muy concreto a la vez. De mucho concreto.
Un volver a lo que siempre fui, a lo que de hecho soy, y a lo que seguramente siempre seré. A la masa de gente que es un pedazo de especie, un cacho considerable de este mundo humano y tenaz.
Tarde, noche o amanecer, hay algo encantador en todos sus momentos. En cada una de sus horas. En las cuatro estaciones que desfilan por su cuerpo tendido al relieve de los años, del tiempo.
Hermosa postal bajando por la sierra de mil casas apiñadas a sus faldas. Naturaleza artificial que no existía hasta que el hombre forjó su geografía. Un vigilante... y una espía.
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